lunes, 8 de abril de 2019

La discordia se instala entre la corte de Marruecos y Arabia Saudí

EL CAIRO.- Las relaciones entre las casas reales marroquí y saudí no pasan por su mejor momento. Unidas por las cuitas internas -a propósito de la sucesión o de la desaparición de la que fuera primera dama marroquí- y la delicada salud de sus monarcas, una sucesión de rifirrafes han reducido los lazos y provocado reacciones cada vez más hostiles, revela hoy el diario español El Mundo

Hasta que comenzaran a torcerse, la ciudad marroquí de Tánger era uno de los destinos de las exclusivas y desenfrenadas vacaciones del rey Salman y su séquito. Hace dos semanas fue el propio monarca, de 83 años, quien instó a su homólogo marroquí Mohamed VI (55) a revisar "las relaciones de hermandad" de ambos países en un reconocimiento tácito de unas tensiones provocadas por una cadena de incidentes.
"Ha habido un número de factores acumulativos que han incrementado las tensiones", reconoce a LOC Ghanem Nuseibeh, director de Cornerstone global associates, una consultora de riesgo con sede en Londres especializada en el golfo Pérsico. El analista aporta, al menos, dos razones de fondo que han enturbiado las relaciones entre ambas cortes. 
"Una emisión de la televisión saudí Al Arabiya que los marroquíes interpretaron como contraria al país en el asunto del Sáhara Occidental meses después de que los saudíes junto a otros países árabes apostaran por Estados Unidos para albergar el Mundial de fútbol de 2026 en detrimento de Marruecos", precisa.
La trifulca, sin embargo, ha sido más virulenta de lo que pudiera parecer. Quienes conocen los lazos aseguran que se hallan en uno de los niveles más bajos en décadas. En febrero Rabat llamó a consultas a su embajador en Arabia Saudí, cansado de lo que interpretaron como un continuo desprecio de Riad. Uno de los principales responsables de agotar la paciencia de los asesores de Mohamed VI ha sido Turki bin Al Shaij, un asesor de 37 años muy cercano al príncipe heredero Mohamed bin Salman que hasta el pasado enero ocupó la autoridad general de deportes. Desde entonces, lidera la apuesta del reino por convertirse en La Meca del ocio, con espectáculos tan variopintos como un trasunto de los "Sanfermines".
Durante meses, Turki no ocultó en sus redes sociales los reproches contra Marruecos que circulan por los pasillos del reino ultraconservador. "Algunas personas se extraviaron. Si desean nuestro apoyo, deben buscarlo en Riad. Lo que hacen es perder el tiempo. Ahora que pidan al pseudoestado que los ayude", tuiteó en referencia a Marruecos y sus relaciones con Qatar en plena carrera del país magrebí para hacerse con el torneo. La regañina, sin el más leve disimulo, dejó al descubierto la incomodidad de Riad con la cercanía de Mohamed VI -un rey ausente aquejado de graves problemas de salud- con Qatar. Rabat no secundó a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin o Egipto en la ruptura de relaciones diplomáticas decretada en junio de 2017 contra el país.
Lejos de aproximarse a las tesis y las demandas del cuarteto, el monarca alauí visitó Doha seis meses después de que comenzara un bloqueo por tierra, mar y aire que aún continua. En su periplo, Mohamed VI también recaló en Emiratos pero no así en Arabia Saudí. Su encuentro con el emir qatarí Tamim bin Hamad Al Zani (38) no cayó en el olvido. Tampoco la reciente decisión de Rabat de abandonar la coalición árabe que bombardea desde hace cuatro años Yemen, una agresiva aventura de los sucesores al trono saudí y emiratí que ha segado decenas de miles de vidas civiles. La presencia marroquí era más testimonial que real pero su salida de la alianza coincide con la creciente presión de la comunidad internacional para que cesen los ataques aéreos y los Gobiernos occidentales dejen de proporcionar armamento.
La gota que colmó el vaso fue, sin embargo, una información divulgada por Al Arabiya que la diplomacia marroquí consideró un ataque a la discutible "integridad territorial del reino" a propósito del Sáhara Occidental, la que fuera provincia española invadida ilegalmente a finales de 1975, con Francisco Franco agonizando, y el último territorio pendiente de descolonización en el continente africano. Un golpe a las tesis que durante décadas Rabat ha mantenido contra viento y marea gracias a la complicidad de Francia y la negligencia de España.
Y, a pesar de las diferencias que les separan, ambas monarquías transitan horas bajas. Enfermo, Mohamed VI ha comenzado junto a sus asesores a preparar a su sucesor, su primogénito Hasan. Su ex esposa, Lalla Salma, lleva quince meses desaparecida de la vida pública. Y la semana pasada miles de profesores llevaron la protesta por sus condiciones de trabajo hasta el Parlamento. La dictadura reprimió con dureza las manifestaciones. Salman, en cambio, trastocó todas las reglas de sucesión entre las distintas ramas de la familia real saudí para catapultar a su vástago. Las acciones de Mohamed bin Salman en política exterior y el crimen del periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudí en Estambul han provocado su descrédito internacional.
Para salvaguardar su camino al trono, el treinteañero ha reducido su exposición pública. Salman ha vuelto a escena a pesar de su frágil salud. "Está en una fase muy avanzada de alzheimer. No se está exponiendo. Lo están exponiendo. Su hijo quiere convencer ahora al mundo de que no está a cargo del país para que las relaciones se normalicen tras el asesinato", comenta a este suplemento una garganta profunda del reino que exige anonimato. Como prueba de este recuperado protagonismo, Salman fue el que acudió a la cumbre que la Unión Europea y la Liga Árabe celebraron en febrero en Sharm el Sheij. También fue el máximo representante saudí en la conferencia de la Liga Árabe que tuvo lugar este pasado domingo en Túnez. Un escenario en el que pudo iniciarse el deshielo. "Las relaciones entre ambas familias reales son históricas y personales. La cumbre fue, sin duda, una oportunidad para fortalecer los lazos", apunta Nuseibeh.

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