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martes, 2 de julio de 2019

Se debería descartar un próximo G-20 en Riad, dice una experta de la ONU


WASHINGTON.- De acuerdo con la experta de la ONU que investigó el asesinato del columnista Jamal Khashoggi por parte de funcionarios sauditas en Estambul, se trata de un "asesinato de Estado" y los líderes mundiales deberían reconsiderar la celebración de la cumbre del Grupo de los 20 en Riad el próximo año.

"El asesinato del señor Khashoggi reúne todas las características de un asesinato de Estado", dijo Agnes Callamard, experta de las Naciones Unidas asignada a la investigación de la muerte de Khashoggi, el martes en la Institución Brookings en Washington. Esto significa que la cumbre anual del G-20 "no se realiza o se debe llevar a cabo en otra parte", para que las naciones no sean "cómplices" del crimen.
La cumbre está agendada para finales de noviembre 2020.
Callamard, cuyo informe detallado el mes pasado concluyó que el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, debe ser investigado por su posible rol en el asesinato el año pasado, dijo que cualquier investigación creíble debe indagar más allá de los funcionarios que actualmente están siendo juzgados en Arabia Saudita por el asesinato en octubre.
"Las 11 personas en juicio en este momento están realmente en el nivel más bajo. El juicio ha fallado y está fallando hasta ahora en abordar la cadena de mando", dijo Callamard. "El siguiente paso lógico para mí es identificar la responsabilidad individual en relación con el asesinato, particularmente dentro de la cadena de mando".
El asesinato de Khashoggi generó una condena global, dañando la reputación del príncipe Mohammed y desatando esfuerzos bipartidistas en el Congreso de Estados Unidos para limitar la venta de armas al reino. 
Además del asesinato, el príncipe heredero ha sido ampliamente criticado por la guerra liderada por los saudíes en Yemen, que la ONU describe como la peor crisis humanitaria del mundo, y su represión contra los derechos humanos y las mujeres activistas.
En su informe de la ONU, Callamard dijo que "no se llega a ninguna conclusión con respecto a la culpa". Pero reveló nuevos detalles de grabaciones de audio del asesinato y sostiene que había "evidencia creíble que justificaba una investigación adicional de la responsabilidad individual de los funcionarios saudíes de alto nivel, entre ellos la del príncipe heredero".
Arabia Saudita desestimó el informe de Callamard y ha negado en repetidas ocasiones que el príncipe Mohammed haya tenido algún papel en la muerte de Khashoggi, exfuncionario convertido en crítico del gobierno que aparentemente fue desmembrado después de ingresar al consulado saudí en Estambul. Su cuerpo nunca ha sido recuperado.
En el evento de Brookings, Callamard dijo una vez más que sería difícil imaginar que el príncipe heredero no supiera sobre el asesinato, pero dijo que era importante confirmar quién dio la orden directa y quién actuó directa e indirectamente.
También desestimó la investigación saudí sobre el asesinato, diciendo que no cumplía con los estándares internacionales porque la escena del crimen nunca fue asegurada, que las negociaciones para una investigación conjunta con funcionarios turcos tardaron dos semanas en completarse y que los funcionarios saudíes estaban en las instalaciones y limpiaron la escena del crimen de manera exhaustiva.
"No hay forma de que pueda concluir que la investigación realizada por Arabia Saudita se haya realizado de manera efectiva, de buena fe y permitiendo la cooperación internacional".
A pesar del daño a la reputación del príncipe Mohammed, regresó al escenario internacional en la más reciente cumbre del G-20 en Osaka, Japón, la semana pasada, donde se reunió con líderes como el presidente ruso, Vladimir Putin, la primera ministra británica, Theresa May, y Narendra Modi de India.
También compartió un cálido desayuno con el presidente Donald Trump, quien dijo que era un amigo y reformador que estaba trayendo la "revolución de una manera positiva".
"Nadie ha apuntado un solo dedo al futuro rey de Arabia Saudita", dijo Trump en una conferencia de prensa en Osaka, ignorando los hallazgos de Callamard y la conclusión de las agencias de inteligencia de EE.UU. de que el príncipe probablemente estuvo involucrado.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Putin y el príncipe saudí exhiben su sintonía en el G-20

BUENOS AIRES.- El presidente ruso, Vladímir Putin, chocó hoy su palma derecha con la del príncipe heredero de la corona saudí, Mohammed bin Salman, durante la cumbre de líderes del G-20, que se celebra en Buenos Aires.

El informal gesto de cercanía se registró cuando ambos líderes se sentaban a la mesa, uno junto al otro, en el plenario del grupo de las veinte mayores economías desarrolladas y en desarrollo del mundo.
Putin y Bin Salman coinciden en Buenos Aires en momentos de cuestiones álgidas para ambos, como las tensiones entre Moscú y Kiev en el Mar Negro y la investigación por el crimen de un periodista en el consulado saudí en Turquía.
Ambos también siguen de cerca el precio del petróleo, con un valor del Brent que repuntó hoy después de que Rusia haya indicado que evalúa recortar su producción de crudo junto con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
El cártel liderado por Arabia Saudí y sus socios decidirán la próxima semana en Viena si apuestan por una limitación coordinada de sus extracciones con el objetivo de frenar la caída que ha registrado el crudo desde principios de octubre.

sábado, 5 de septiembre de 2015

El G-20 ve insuficiente el crecimiento mundial y promete coordinar su política económica

ANKARA.- El G-20 consideró este sábado insuficiente el crecimiento mundial, en un contexto de preocupación por la ralentización económica de China, pero se comprometieron a coordinar su política monetaria y cambiaria.

"El crecimiento mundial está por debajo de nuestras expectativas", afirma un borrador del comunicado final de la reunión que durante dos días sostuvieron en Ankara los ministros de Finanzas y directores de bancos centrales de ese grupo de potencias industrializadas y emergentes.
"Nos hemos comprometido a adoptar medidas decisivas para que el crecimiento se mantenga encaminado y confiamos en que la reactivación económica se acelerará", afirma el documento.
El G-20 prometió además "abstenerse de cualquier devaluación competitiva", un mensaje para China cuya reciente devaluación del yuan conmmocionó a los mercados financieros mundiales en las últimas semanas.
"Reiteramos nuestro compromiso de avanzar hacia sistemas cambiarios determinados por el mercado y la flexibilidad de las tasas cambiarias", subraya el proyecto de declaración final.
Estados Unidos, que insistió mucho para que la expresión "devaluación competitiva" aparezca en el texto final, también recibió un toque de atención del G-20, aunque siempre con palabras veladas.
Los países del G-20 se comprometieron a "evaluar y comunicar cuidadosamente sus iniciativas, sobre todo en el contexto de decisiones importantes de política monetaria y demás, a fin de minimizar los efectos secundarios, reducir las incertidumbres y promover la transparencia", como claves de un crecimiento vigoroso.
El mensaje parece ir claramente dirigido a la Reserva Federal estadounidense, que mantiene en vilo a los mercados y a los países emergentes sobre la fecha en que volverá a subir los tipos de interés tras años de expansión monetaria.
Muchos mercados emergentes ven con preocupación un posible aumento de la tasa básica de interés en Estados Unidos, que llevaría a los inversores a colocar capitales en marcados seguros con la esperanza de mayores réditos que los actuales.
El G-20 llama a los gobiernos y a los bancos centrales a evitar el uso exclusivo de las tasas de interés como incentivo del crecimiento, aplicando en cambio políticas fiscales susceptibles de apuntalar el dinamismo económico y de crear empleos.
Depender exclusivamente de instrumentos de política monetaria "no conducirá a un crecimiento equilibrado", advierte.
El Banco Central Europeo (BCE) volvió a asegurar la semana pasada que no se fijaba "ningún límite" para apoyar la economía europea y, de forma general, las políticas monetarias nunca han sido tan generosas en el mundo.
El borrador de declaración final es el resultado de un equilibrio sutil entre el bando de los optimistas, Estados Unidos y en menor medida Europa, y el de los prudentes, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los países emergentes.
El anfitrión de las reuniones del G-20, Turquía, que el presidente islamo-conservador Recep Tayyip Erdogan quiere convertir en una de las diez mayores economías mundiales antes de 2023, está en recesión al igual que Brasil y Rusia, otros dos grandes países emergentes.
La tasa de cambio turca acaba de alcanzar un nuevo mínimo ante la moneda estadounidense y un dolar vale ahora tres liras turcas.
Por otra parte, el borrador promete dar un mayor protagonismo a los países pobres en las decisiones que buscan impedir que las multinacionales eludan el pago de impuestos, la llamada optimización fiscal.
El G-20 encargó a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que dirigiera esas negociaciones, pero varias ONG y activistas como el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz han criticado que ese tipo de decisiones se tomen en un grupo tan reducido.
La organización también prevé frenar la financiación del terrorismo, "facilitando", por ejemplo, los procedimientos de congelación de bienes.
El grupo de 20 países, que supone el 85% de la economía mundial, anima por último a los países ricos a "ampliar sus esfuerzos de financiación" en la lucha contra el calentamiento climático, con vistas a la conferencia internacional que se celebrará a finales de año en París.